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El expresidente de UNVENU y actual secretario de CLAEC, Daniel Añon, analizó el avance de la electromovilidad en Uruguay, la presión sobre la rentabilidad del sector, los costos laborales, el rol del Estado y los desafíos que enfrentan los empresarios en una transición marcada por la incertidumbre.
La transición hacia la electromovilidad dejó de ser una proyección a largo plazo para convertirse en un desafío inmediato para las Estaciones de Servicio uruguayas. Así lo advierte Daniel Añon, expresidente de la Unión de Vendedores de Nafta del Uruguay y secretario permanente de la CLAEC, quien reconoce que el avance de los vehículos eléctricos ya está teniendo efectos concretos sobre las ventas y obliga al sector a repensar su rol en el nuevo escenario energético.
Según explica, una de las principales preocupaciones se centra en la velocidad con la que se está dando el cambio del parque automotor. “El año pasado, el 25 por ciento de los autos cero kilómetro que se vendieron fueron eléctricos y para este año se estima que esa cifra podría llegar al 50 por ciento”, señala en diálogo con Surtidores. Ese crecimiento acelerado ya se refleja en la operatoria diaria de muchas estaciones, en particular en Montevideo y en las zonas de mayor poder adquisitivo, como Punta Carretas, Pocitos y los barrios costeros. “En esas áreas hay muchísimo coche eléctrico y las ventas de combustibles ya han bajado entre un 10 y un 20 por ciento, dependiendo del tipo de estación”, advierte.
Ese impacto directo sobre el volumen de despacho aparece como la principal inquietud del sector, a la que se suman otros factores que presionan sobre la rentabilidad. Añon aclara que el margen bruto de las estaciones no es malo en términos absolutos, pero recuerda que se trata de un mercado fuertemente regulado, donde el margen está determinado por el Estado. “El problema es qué va a pasar en los próximos años, porque los costos siguen creciendo y el volumen tiende a achicarse”, resume.
Entre esos costos, el laboral ocupa un lugar central. A comienzos de este año se cerraron nuevas rondas salariales que, según explica, arrojaron aumentos por encima de lo que el propio gobierno había previsto para el sector. “Nosotros estamos referenciados al índice medio de salarios, con un esquema de 65 por ciento IPC y 35 por ciento índice medio, pero el ajuste que se dio fue mayor. Eso complica la ecuación”, señala, y anticipa que desde el sector buscarán discutir esta situación con el organismo regulador.
Otro punto sensible es el sistema de pagos electrónicos. Si bien reconoce que los plazos de acreditación mejoraron —24 horas para débito y entre 48 y 72 horas para crédito—, el problema de fondo sigue siendo el costo. “El arancel del débito no puede ser del 1 por ciento más IVA, sobre todo cuando en el caso de la nafta no hay IVA que descontar. Ahí tenemos un problema serio de rentabilidad”, afirma.
En cuanto al vínculo con el Estado, Añon destaca que históricamente el sector mantuvo un buen diálogo con los distintos gobiernos y que el actual no es la excepción. “Hemos tenido reuniones, hemos hablado de todos los temas que nos atañen y esperamos ver resultados”, señala, aunque reconoce que persisten focos de preocupación. Uno de ellos es la posibilidad de que las distribuidoras exploten Estaciones de Servicio de manera directa. “No estamos de acuerdo con ningún tipo de integración vertical. Si eso avanzara, lo único que se lograría en algunos casos sería sumar márgenes para poder hacer descuentos, aun cuando el precio sea máximo. Es un tema grave”, advierte.
Frente al avance de la electromovilidad, el dirigente aclara que el sector no busca oponerse al proceso. “Desde Montevideo y desde la CLAEC hemos dicho claramente que vamos a acompañar la transición dentro de nuestras posibilidades, y de hecho ya lo estamos haciendo”, sostiene. Varias estaciones comenzaron a evaluar la instalación de cargadores eléctricos, especialmente en aquellas ubicaciones donde la demanda potencial lo justifica.
Sin embargo, Añon remarca que la realidad del vehículo eléctrico es distinta a la del combustible tradicional. “La mayor parte de la carga se hace en los hogares y también hay cargadores en la vía pública, aunque todavía no alcanzan”, explica. En ese marco, UNVENU ya inició conversaciones con UTE, el organismo rector del sistema eléctrico, para analizar alternativas que permitan ofrecer carga en condiciones competitivas. “Estamos buscando soluciones para que las estaciones puedan tener energía a buenos precios y ver cómo se inserta ese servicio dentro del negocio”, señala.
El panorama hacia adelante combina adaptación y cautela. Para Añon, 2026 aparece como un año atravesado por la incertidumbre, con múltiples variables en juego: menor volumen de combustibles líquidos, mayores costos operativos, cambios tecnológicos y un marco regulatorio que todavía debe ajustarse a la nueva realidad. “Sabemos que el cambio es profundo y que no tiene marcha atrás. La clave va a estar en cómo lo transitamos y en que se entienda que las estaciones y los estacioneros siguen siendo un eslabón fundamental del sistema energético”, concluyó.
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