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Entre otras medidas, el Gobierno exige a los operadores la implementación de planes de contingencia frente a eventuales picos de demanda o dificultades logísticas.
El reciente ajuste en los precios de los combustibles en Uruguay no solo responde a la suba del petróleo a nivel global, sino que también marca el cierre de un período de rezago frente a esa tendencia.
“El ajuste era necesario. El precio del crudo subió más de 70 por ciento en pocas semanas, y ese incremento, tarde o temprano, tenía que reflejarse en el precio final de sus derivados”, sostuvo Felipe Bastarrica, director ejecutivo del Observatorio de Energía y Desarrollo Sustentable de la Universidad Católica del Uruguay. El mismo confirmó a Surtidores que no trasladar esa suba habría implicado generar pérdidas en la empresa estatal, derivando en un subsidio implícito que termina siendo financiado por toda la población.
Los datos internacionales confirman que no se trató de un fenómeno aislado. Entre fines de diciembre de 2025 y marzo de 2026, los combustibles aumentaron de forma generalizada en la mayoría de los mercados relevados, con subas significativas tanto en nafta como en gasoil. En varios casos, los incrementos superaron ampliamente los dos dígitos e incluso alcanzaron niveles cercanos al 50 por ciento.
En ese mismo período, Uruguay mostró una evolución en dólares que no acompañó esa dinámica e incluso registró variaciones negativas. Ese atraso, acumulado durante meses, es el que termina explicando la necesidad de la corrección actual.
DISTORSIONES REGIONALES Y SEÑALES DE ALERTA EN EL GASOIL
El ajuste se produce, además, en un contexto regional que complejiza cualquier comparación lineal de precios. Países como Argentina y Brasil presentan estructuras fuertemente condicionadas por decisiones internas, subsidios, tipo de cambio o intervención estatal, que generan distorsiones y afectan las dinámicas en zonas de frontera.
A ese escenario se suma un elemento nuevo: la disponibilidad de gasoil. El conflicto bélico en Medio Oriente, trajo consigo un impacto en la oferta regional de este combustible estratégico.
Frente a este escenario, el Poder Ejecutivo exhortó a la Unidad Reguladora de Servicios de Energía y Agua a reforzar el monitoreo del mercado. En respuesta, el organismo aprobó la Resolución N° 128/026, que establece un seguimiento intensivo de las ventas de gasoil, con foco en los departamentos de frontera.
El esquema obliga a las distribuidoras a reportar información diaria sobre la comercialización de gasoil 50-S y 10-S, mientras que ANCAP deberá informar sus niveles de stock y alertar ante cualquier caída que pueda comprometer el suministro. A su vez, se exige a los operadores la implementación de planes de contingencia frente a eventuales picos de demanda o dificultades logísticas.
EL DESAFÍO DE FONDO: COMPETITIVIDAD Y ESTRUCTURA DE PRECIOS
Más allá de la coyuntura, el debate estructural permanece abierto. “Más que debatir mes a mes los pesos que suben o bajan, el desafío es encarar una conversación de fondo sobre cómo lograr combustibles estructuralmente más competitivos”, planteó Bastarrica.
En ese plano, la carga tributaria aparece como uno de los principales condicionantes, especialmente en la nafta, donde representa una porción significativa del precio final. A esto se suma una estructura de mercado con fuerte peso en la etapa primaria y desafíos pendientes en materia de eficiencia y competencia en la cadena de distribución.
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